Por Regina Zamorano

"Desde pequeño, yo sabía que las calles que pisaba no eran cualquier calle, sentía que había una carga emotiva, histórica y cultural muy fuerte, y eso a mí me sostenía como ser humano", recuerda Jesús Rodríguez Petlacalco, comunicólogo que ha vivido en el Centro desde que tiene memoria y quien encabeza la asociación Proyecto Patrimonio México.

Jesús estudiaba la primaria en la Escuela España, en San Jerónimo, cuando empezó a llevar a sus amigos a recorrer el Zócalo, la Catedral y las calles aledañas para que ellos también apreciaran sus raíces.

¿Cómo es que un niño percibía la importancia de esta zona fundacional? "Era un poco intuición, otro poco por todo el escenario que yo veía cotidianamente, las historias de lucha, y otro poco la grandeza del lugar, porque no es lo mismo crecer en una unidad habitacional que entre edificios del siglo xvii y xviii", dice.

"Nuestro origen es el destino"
Esa sensibilidad especial que loz distinguía de niño determinó su futuro. En 2006, Jesús creó, junto con tres compañeros, la asociación Proyecto Patrimonio México, que se dedica a transmitir su amor y su conocimiento sobre el Centro y sobre la ciudad. Este mes, el grupo concluye una serie de 10 recorridos por La Merced, organizados con la Alianza Francesa y el Fideicomiso Centro Histórico.

"Me preguntan si somos historiadores, les digo que más bien estamos proponiendo una nueva disciplina, la de patrimonialista.

"Un patrimonialista tiene mucho de historiador, mucho de cronista, de comunicador, de comerciante, de internacionalista, mucho de todo, es un perfil multidisciplinario. Esto le da una visión holística del patrimonio y de la realidad, que le permite compartir el valor del patrimonio con los demás", explica.

En Proyecto Patrimonio México se cree que si el ciudadano conoce, acepta y ama su pasado, adquiere el conocimiento para imaginar y construir un mejor futuro. No en balde el lema del grupo reza: "Nuestro origen es el destino".

Preocupado por los problemas sociales de nuestro país, Jesús opina que hoy nos encontramos "en un escenario de falta de comunicación, de deshumanización, muy severas, por eso el patrimonio más importante que queremos recuperar somos nosotros como sociedad. El cultural es el complemento, pero el patrimonio más importante de las ciudades es su gente".

El castillo de la ilusión
Jesús nació a principios de los años setenta en el número 12 de Talavera. Era una gran vecindad, donde vivía Mina, su abuela adoptiva. Ahí pasaba las tardes jugando con los niños de la cuadra. "La casa de mi abuela era el castillo de la ilusión".

"Para mí la vecindad nunca fue un sitio marginal, siempre fue un palacio. Los barandales eran nuestros caballos, las escaleras, nuestros montes nevados, poníamos tablas y nos deslizábamos; las cuerdas que encontrábamos por ahí eran columpios".

Su infancia seguía el ritmo de las temporadas que dan vida al barrio. "Es muy colorido, cada temporada cambia de piel, si viene diciembre, la Navidad toma La Merced; viene febrero y llegan los niños Dios, y así va cambiando de color".

Jesús no podía asistir regularmente a la escuela, pues ayudaba a sus padres en los negocios que tuvieron en La Merced y el resto del Centro. Hubo papelería, fuente de sodas, perfumería, bisutería y puestos de verduras.

La maga
Cuando Jesús habla de La Merced, en sus palabras se trasluce el orgullo de su origen.

"Una virtud que tiene mucha gente de La Merced, la gente de raíz, es que cuantas veces la vida nos haga empezar de cero, nunca nos vamos a amedrentar, porque nuestro fundamento es el trabajo, el respeto y la honestidad.

"Los valores más importantes de mi vida yo los aprendí de esa gente y de mi abuela Mina".

Embebido de admiración por la mujer que le inculcó la curiosidad y el amor por la historia y el barrio, Jesús la recuerda de manera vívida.

"Para mí ella era como una alquimista, ella no cocinaba, hacía magia: cómo ponía el carbón, cómo soplaba el brasero, cómo salían las chispas".

Gracias a ella "sentía que yo vivía en un lugar fuera de serie. Ir al catecismo a la Santísima, implicaba encontrarte con esa torre barroca, imponente. 'Está chueca la iglesia, Mina' y ella me decía: 'Hijo, estamos sobre agua'. Pero mi abuela no terminó la primaria, yo creo que en su tiempo las historias de la gente eran muy importantes, así, escuchando, ella aprendió muchas cosas".

Jesús vive en 5 de Febrero, pero cuando la nostalgia es mucha, dice, "me voy a La Merced a ver a mi tío, a la gente con la que crecí. Es como ir y nutrirme en el vientre".

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