
Don Saúl Becerril Chávez tiene 72 años y dos grandes orgullos: haber sido Guantes de oro y campeón amateur de boxeo hace casi 50 años, y ser el principal proveedor de zapatos de pachuco en la Ciudad de México.
“Me gusta el zapato y su venta, para mí es una delicia. Creo que soy parte de una tradición, porque estos zapatos se han mantenido como el clásico del bailador y mientras haya bailadores habrá quien venga por ellos”, dice convencido.
En las paredes del local 759, en el pasillo 16 del mercado de Mixcalco, lucen decenas de zapatos de charol bicolores. Los hay rojo o azul con blanco, o bien verde o amarillo con negro, pero las posibilidades no terminan allí, pues los clientes pueden solicitar cualquier combinación imaginable, incluso con los colores y el escudo de su equipo de futbol favorito.
Así, unos zapatos blanco y negro, con unos guantes y la inscripción El Jarocho bordados en el empeine, esperan a su dueño, quien pronto pasará a recogerlos.
“Aquí tendré unos doscientos pares, todos diferentes. Éste es el único lugar con este tipo de zapato, aunque en Tepito también se vende, pero en baja escala”.
“soy parte de una tradiciÓn, porque estos zapatos se han mantenido como el clÁsico del bailador y mientras haya
bailadores habrÁ quien venga por ellos”.
SaÚl becerril
¿QuiÉn es pachuco todavía?
El ganador de los Guantes de oro en 1955, en una pelea en la Arena Coliseo contra El Torito Mota, recuerda que los zapatos de pachuco “antes los compraban los jóvenes, pero ahora sobre todo, las personas mayores”.
También ha corroborado que es una tradición que se transmite de generación en generación. “Tengo clientes que venían con sus papás y ahora ellos traen a sus hijos.
“Tenemos también para niño y para dama, porque muchos les inculcan a los niños el danzón y se llevan el zapato chiquito”.
El ex campeón describe las posibilidades económicas de su clientela. “Hay gente que llega con mucha lana y se lleva hasta ocho pares, otros que nada más vienen por un parecito, o clientes que me van dejando de a 50 pesos hasta que completan el costo”, dice, mientras da el precio de un par en tonos verdes, 450 pesos, aunque los hay hasta de 700.
El zapato “se hace en el taller de los maestros Rodolfo y Salvador Flores, en la colonia Valle Gómez”.
El proceso dura aproximadamente una semana. “Se va a la peletería, directamente a las de León, Guanajuato o las de aquí del Centro, en Jesús Carranza. Luego se corta, se hacen los moldes y se pone la horma. De ahí a montarlo, pegarlo, clavarlo, coserlo y forrarlo”.
La venta es todos los días, de 9 de la mañana a 7 de la noche. Don Saúl se levanta a las 6 — “una disciplina que viene del box” — y viaja desde Netzahualcóyotl, en donde vive, al mercado de Mixcalco, donde igual que los otros 917 locatarios, espera a los clientes.
De los guantes a los zapatos
Proveniente de Michoacán, don Saúl llegó al Distrito Federal en 1941. Tenía 5 años y viajó con su padre, Salomón Becerril, zapatero, y su familia.
Con la mirada animada por el recuerdo del deporte en que fue campeón, cuenta: “desde esa edad me empezó a gustar el box, pero empecé más grande a entrenar en el gimnasio Jordán, en Salto del Agua, donde entrenaban el Toluco, el Ratón Macías y Fili Nava, algunos de los grandes boxeadores de aquella época. Conocí la gloria rápido, pero también me retiré de volada.
“A los 25 años fui campeón de los Guantes de oro y a los 26 campeón nacional amateur. Ya como profesional, por una lesión en la nariz, me retiré”.
Y cambió su vida, de los guantes pasó a los zapatos. “Pensé: ¿qué hago? Y me dediqué al comercio del zapato porque me acordé del ofició de mi papá... Al principio vendía zapato normal, pero un día un cliente me pidió un par de pachuco y se los mandé a hacer con mi proveedor; me gustaron y me fui especializando y luego venían a pedírmelos de todas partes del país”.
Primero vendía en la calle, en la Soledad, y desde hace casi 50 años en el mercado de Mixcalco. “Son estos zapatos los que se ven en los salones Los Ángeles, California y en la Ciudadela, en todos los lugares donde hay reuniones de bailadores”.
Don Saúl era peso Mosca, entre los 48 y los 51 kilos, y así sigue, bajito de estatura, rápido de movimientos, atento a los clientes y locatarios que lo saludan al pasar. Y a todo esto, ¿cuáles son sus zapatos favoritos? Los mocasines blanco y negro de charol, con tacón cubano “altito”, porque “es el clásico que nunca pasará de moda y es el que más se vende”.