
Durante la guerra de Independencia la Ciudad de México no fue escenario de cruentas batallas, pero sí fue el centro de actividades de un movimiento conspirativo que apoyó la insurrección.
Por Regina Zamorano

ilustraciÓn de una batalla entre insurgentes y realistas, circa 1812.
"Señor número doce", "Serafina Rosier", "El de los pantalones" fueron algunos de sus seudónimos.
Los Guadalupes pertenecían a clases sociales diversas y profesiones tan dispares como curandero, fraile, empleado de la Secretaría del Virreinato, boticario, militar, confitero, indio pintor, abogado, médico o comerciante. Eran criollos en su mayoría, aunque había algunos militantes indígenas.
Numerosas figuras de la época, como los historiadores José María Luis Mora y Carlos María de Bustamante, el abogado Ignacio López Rayón, Andrés Quintana Roo y su esposa, Leona Vicario, fueron parte del grupo, que colaboró directamente con los militares insurgentes Mariano Matamoros y José María Morelos.
Los Guadalupes mandaban dinero, medicinas, armas, provisiones e información al frente e intentaban convencer a los indecisos. Para atraer adeptos a la causa, colaboraron en periódicos opositores como
El Despertador Americano, El Juguetillo o El Ilustrador Americano. También participaron en la lucha política abierta como candidatos en las elecciones convocadas por la Corona española en 1812, tras la promulgación de la Constitución de Cádiz.
El nombre de la sociedad se debe a que el cura Hidalgo dio el grito de Dolores sosteniendo un estandarte con la Virgen de Guadalupe, convirtiéndola así en un símbolo de la insurgencia criolla. Además, el ícono era utilizado en contraposición a la Virgen de los Remedios, emblema religioso de los españoles.
La secrecía de sus actos ha impedido saber cuántos miembros tuvo la sociedad, que estuvo activa de 1811 a 1815, hasta poco después de la muerte de Morelos.
Secreto a voces
En 1808, tras la ocupación francesa de España y la destitución de Carlos iv, Francisco Primo de Verdad, síndico del Ayuntamiento de la Ciudad de México, propuso al virrey José de Iturrigaray convocar a todos los ayuntamientos de la Nueva España para formar un gobierno provisional, con el argumento de que a falta del monarca español, la soberanía volvía al pueblo. El virrey fue depuesto por una asonada y Primo de Verdad acusado de traición y asesinado en prisión.
Dos años después, cuando estalló la lucha armada contra la Corona española, en la Ciudad de México aparentemente reinaba la calma. Sus habitantes no eran bien vistos por los independentistas. En diciembre de 1810
El Despertador Americano, primer periódico insurgente, refería: "Mientras que todo el Reyno experimenta la más fuerte y general fermentación (…) y advirtiéndose en todos los Americanos una actitud intrépida y belicosa; el apáthico Mexicano vegeta a su placer (…) ¿Habrá entre los habitantes de aquella Ciudad populosa, una milésima parte capaz de pronunciar con firmeza: mi Patria, mi libertad?".
Sin embargo, en 1811 Los Guadalupes empezaron a operar en la capital.
En ese mismo año apoyaron a la Suprema Junta Nacional Americana, creada en agosto por López Rayón, colaborador cercano del cura Hidalgo y quien sería figura clave del grupo. La Junta buscaba dotar de una organización política, militar y legal al movimiento insurgente, para lo cual era indispensable establecer una red de información que facilitara la comunicación con los líderes rebeldes. Ésa fue la principal tarea de Los Guadalupes, quienes iniciaron una nutrida correspondencia con Morelos.
Así, por ejemplo, en una carta del 9 de abril de 1813, le informaban al jefe insurgente que Leona Vicario estaba presa en el Colegio de Belén: "el motivo de su prisión fue un correo que le cogieron de Tlalpujahua, pero ella, a pesar de su sexo, ha tenido la fortaleza de no condenar a ninguno, sin embargo del mal trato que está sufriendo y de las amenazas que continuamente le hacen".
Los Guadalupes y sus simpatizantes se reunían en animadas tertulias en las que definían sus siguientes movimientos, recapitulaban los hechos relevantes de la lucha y debatían ideas libertarias, inspiradas en la Revolución Francesa.

AndrÉs Quintana Roo (1753-1851).
Un miembro, don Anastasio Zerecero, relató en sus
Memorias: "Secciones de la sociedad de Los Guadalupes se reunían unas veces en la casa del que escribe, (…) y otras en la casa de don Agustín Gallegos (…), tenía una gran huerta, y esto hacía que muchas personas (…) la frecuentasen como un lugar de recreo, sin que se hiciera notable al gobierno ni a la severa y astuta policía de esa época.".
En 1812, desde la Ciudad de México le hicieron llegar al doctor José María Cos, miembro de la sociedad, instalado en Zitácuaro, una imprenta completa para publicar El Ilustrador Americano. Tres mujeres Guadalupes la sacaron de la ciudad, oculta en unos canastos. Carlos María de Bustamante relata el periplo: "al pasar frente a la garita, el coche fue detenido por unos oficiales realistas; pero como las valerosas señoras les dijeron con afable naturalidad que se dirigían a San Ángel para asistir á una Jamaica (día de campo), y aun los invitaron galantemente a que las acompañasen, ellos nada sospecharon , dieron las gracias y permitieron que el coche siguiera adelante sin ser registrado."
Por su parte, los juristas e intelectuales Guadalupes asesoraban a Morelos y otros caudillos en la redacción de documentos y decretos, entre ellos la Constitución promulgada en Apatzingán en octubre de 1814.
¿Democracia antes
que Independencia?
"Los Guadalupes tenían conexiones con los insurgentes. Aunque muchos de ellos estaban preocupados por el conflicto social, les interesaba estar presentes en todos los escenarios con un doble objetivo: cambiar el estatus de la Nueva España y lograr así un autogobierno completo. La independencia absoluta era una opción, pero no la principal", explica en entrevista el doctor Antonio Annino, investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas y experto en el tema.
En septiembre de 1812 fue promulgada en España la Constitución de Cádiz, que permitía a las colonias la elección de ayuntamientos, diputaciones provinciales y de los representantes que enviarían a las Cortes españolas.

Carlos M. de Bustamante (1774-1848).
Los Guadalupes aprovecharon la coyuntura y promovieron a sus miembros como candidatos.
Annino apunta: "No hay que olvidar que los indios, con Cádiz, entraron masivamente en el mundo de los derechos liberales. El balance fue positivo porque todos los cuerpos territoriales se emanciparon del gobierno de los representantes de la Corona. Ésta fue una ruptura que abrió el camino hacia la independencia absoluta".
En lo que se consideran las primeras elecciones en nuestro país, en noviembre de 1812 se eligió a los electores que luego votarían por síndicos y diputados. En la Ciudad de México prácticamente todos los postulantes autonomistas resultaron ganadores. La gente celebró en las calles.
En julio de 1813, se eligieron diputados para las Cortes españolas. Los candidatos opositores a la Corona, muchos de ellos Guadalupes, también obtuvieron triunfos en la capital.
"Hemos dado segundo ataque dentro de esta capital a nuestro feroces enemigos, siendo la victoria nuestra completamente: pero verá V. E. , por adjuntos diarios que le acompañamos de las elecciones celebradas en esta capital de diputados para las Cortes de Cádiz, tomamos empeño en que recayesen las elecciones en todos americanos del mejor modo de pensar, buenas cualidades y grande amor a su patria y efectivamente lo conseguimos a toda nuestra satisfacción", escribieron los Guadalupes a Morelos el 5 agosto de 1813.
Como era de esperarse, esos resultados inquietaron a las autoridades españolas. El militar Félix María Calleja le escribió al ministro de Gracia y Justicia de España: "La continuidad de los buenos sucesos de la guerra ha ido poniendo en mis manos documentos justificativos (…) de tal manera que han producido la constancia necesaria para rrestar (sic) al ex regidor, actual diputado electo para Cortes, don Ignacio Adalid que queda procesándose como verdadero traidor, miembro de una diabólica junta establecida en esta capital bajo el nombre de Los Guadalupes".

JosÉ MarÍa Morelos (1765-1815).
"Y correrÁ la sangre"
Al año siguiente, 1814, Fernando vii regresó a España y abolió las libertades que brindaba la Constitución de Cádiz. Calleja no tardó en declararles la guerra a los insurrectos visibles y a los ocultos.
Reforzó la vigilancia, y a quien los apoyara le esperaba la cárcel, el destierro, trabajos forzados, el fusilamiento o el garrote.
En su proclama del 22 de junio de 1814 advirtió a la población sobre las medidas que se tomarían, de persistir la insurrección: "Se incendiarán los pueblos infieles, serán obligados los ciudadanos a la más estricta policía (…), se levantarán patíbulos por todas partes y correrá la sangre donde quiera."
Ese año, los insurgentes sufrieron numerosas derrotas, tanto militares como en sus redes de comunicación. Muchos Guadalupes fueron detenidos tras la derrota del ejército insurgente en Valladolid, pues los realistas encontraron cartas de ellos dirigidas al jefe rebelde entre las cosas de Mariano Matamoros.
Finalmente, en 1815, con el fusilamiento de Morelos y la escalada represiva, Los Guadalupes quedaron casi inmovilizados y la organización se fue extinguiendo.
Annino resume el impacto de las tribulaciones sociales de la época: "Cada guerra es socializante y la de aquellos años involucró a casi todo el país. Los dos bandos necesitaban de los pueblos. Fue una guerra de guerrillas y de antiguerrilla, que involucró a mucha más gente que a los meros combatientes". Los Guadalupes fueron parte de esa gente.
Referencias: Genaro García, Documentos históricos mexicanos T. III, INEHRM, México, 1985; Virginia Guedea, En busca de un gobierno alterno: Los Guadalupes de México, México, unam, Instituto de Investigaciones Históricas, 1992; Ernesto de la Torre Villar, Los Guadalupes y la Independencia, con una selección de documentos inéditos, México, Editorial Porrúa, 1985 y "The Process of Mexican Independence" en www.historycooperative.org/journals/ahr/105, consultada 9/8/2010.